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El hecho de que el fenómeno de la explotación sexual esté invisibilizado, hace que se perpetúen en la conciencia social una serie de mitos que dan la posibilidad de que quienes consumen sexo con niños, niñas o adolescentes, utilicen ciertas “excusas” para justificar sus actos.
Según investigaciones realizadas en nuestro país, estas son algunas de las excusas más comúnmente utilizadas.

“No sabía que era menor”
La realidad: muchos adultos utilizan el pretexto del aspecto físico (maquillaje, vestimenta) y el desconocimiento de la edad de la persona a quien van a pagarle por sexo para justificar sus actos.
Estos adultos, por más que pretendan excusarse, están cometiendo un delito y son los únicos responsables por ello.

“Ella lo necesita y yo la ayudo”
La realidad: Utilizar a una persona menor de edad con fines de explotación sexual comercial es un acto delictivo castigado por la ley uruguaya. Estas personas están aprovechándose de la situación de vulnerabilidad que tienen estos niños, niñas o adolescentes para gratificarse sexualmente mediante el uso de su poder económico.

“Hay gurisas que aparentan más edad, y con eso te engañan”
La realidad: independientemente del aspecto físico de las niñas, son los adultos los únicos responsables de estar en conocimiento de su edad. No existe el engaño. Se trata de niños, niñas y adolescentes prostituidos por adultos.

“La explotación sexual comercial ocurre solo con niñas adolescentes del sexo femenino”
La realidad: Los niños y adolescentes varones, aunque en menor proporción que las niñas y adolescentes mujeres, también son víctimas de explotación sexual.

“Los y las adolescentes son prostituidos porque les gusta y eligieron ese trabajo”
La realidad: La explotación sexual comercial infantil es una violación a los derechos humanos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes. No es un trabajo. No están ahí porque quieren o porque les gusta, son víctimas de una forma moderna de esclavitud y requieren protección. No hay niños o niñas prostitutas, sino niños prostituidos.

“Los clientes son normalmente enfermos siquiátricos o personas en edad avanzada”
La realidad: Los estudios e investigaciones han demostrado que el “cliente” (explotador) puede ser una persona de edad adulta de cualquier edad. Además los mismos estudios han demostrado que estas personas no presentan en su mayoría ningún trastorno mental.

“La explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes sólo ocurre en un ambiente de extrema pobreza”
La realidad: puede ocurrir en cualquier estrato socioeconómico.

“Existen pocos casos de explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes”
La realidad: La magnitud de esta problemática se desconoce, ya que al ser un delito que se comete en la clandestinidad, es muy poco denunciado, y en muchos casos, ni si quiera es percibido como un delito.

Esta campaña busca colocar el tema públicamente como un problema social, económico y cultural, puesto que la tolerancia hacia la problemática ha sido y sigue siendo generalizada.